Cuando huelo en el aire
el dulce aroma del chocolate, vienen a mi mente dulces recuerdos de mi
infancia. En casa de mi abuela se celebraban los cumpleaños de toda la familia,
con una tortita artesanal hecha por ella, y el infaltable chocolate caliente
con canela y clavos de olor... ¡¡Umm, delicioso!!.
A lo largo de mi vida, he conservado en mi
memora olfativa todos los aromas que se escapaban de su cocina. Cómo olvidar el
aroma dulzón de los damascos, mientras se reducían hasta formar una mermelada. Damascos
que, por cierto, cortábamos de nuestro propio árbol.
La canela llenaba el ambiente cuando preparaba arroz con leche, de esa leche fresquita que llevaba el lechero cada mañana; El aroma imborrable del pan amasado, las sopaipillas en las tardes frías de invierno.
También nos cautivaba con sus guisos deliciosos, sus arroces bien graneaditos, los fideos hechos por ella. Recuerdo el aroma del orégano fresco... Intenso, dulcecito.
Nunca me contó sus secretos en la cocina, pero creo que descubrí que el principal ingrediente es el amor. Recordar su afán en cada cosa que hacía, sus "carreras" para encontrar buenos productos, su dedicación para deleitar a su familia, me hace reafirmarlo.
Hoy me siento muy parecida a ella, amo cocinar, preparar dulces, tortas, postres. Si bien, me falta conocimiento, no me falta empeño. He aprendido a descubrir las especias, que antes no sabía usar. He descubierto técnicas de cocina, recetas, medidas, Pero, lo más importante siempre lo he tenido: El amor.
Mi abuela nunca me hizo un regalo material, pero ahora sé que me regaló algo mucho menos efímero que eso. Algo que no se acaba ni con la muerte: El amor por la familia, y qué mejor que expresarlo en la cocina, donde con pocos ingredientes, pero con mucha imaginación, se puede hacer magia.
La canela llenaba el ambiente cuando preparaba arroz con leche, de esa leche fresquita que llevaba el lechero cada mañana; El aroma imborrable del pan amasado, las sopaipillas en las tardes frías de invierno.
También nos cautivaba con sus guisos deliciosos, sus arroces bien graneaditos, los fideos hechos por ella. Recuerdo el aroma del orégano fresco... Intenso, dulcecito.
Nunca me contó sus secretos en la cocina, pero creo que descubrí que el principal ingrediente es el amor. Recordar su afán en cada cosa que hacía, sus "carreras" para encontrar buenos productos, su dedicación para deleitar a su familia, me hace reafirmarlo.
Hoy me siento muy parecida a ella, amo cocinar, preparar dulces, tortas, postres. Si bien, me falta conocimiento, no me falta empeño. He aprendido a descubrir las especias, que antes no sabía usar. He descubierto técnicas de cocina, recetas, medidas, Pero, lo más importante siempre lo he tenido: El amor.
Mi abuela nunca me hizo un regalo material, pero ahora sé que me regaló algo mucho menos efímero que eso. Algo que no se acaba ni con la muerte: El amor por la familia, y qué mejor que expresarlo en la cocina, donde con pocos ingredientes, pero con mucha imaginación, se puede hacer magia.
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